Cada momento que pienso en ti está dividido en dos pensamientos totalmente opuestos: lo poco que te mereces que lo pase mal por ti y lo mucho que me gusta pasarlo bien contigo. Pero realmente he perdido bastante parte de la esperanza que tenía contigo, y solo me queda la resignación a quedarme estancada en tu juego. Y no es que sea algo que deteste, es que no debería, porque ni es lo correcto, ni me hará feliz a largo plazo. Y, desde luego, no tiene futuro.
Parece ser que me gusta demasiado meterme a jugar en terrenos ajenos donde se de antemano que saldré perdiendo, solo que la esperanza hace que me lo niegue hasta que empieza a ser evidente.
Eso si, aun no me explico como tienes tantos cojones de tener esos fallos tan enormes a la hora de jugar, guapo, que podría destrozarte fácilmente con mas fallos como ese. No me obligues a hacerlo, no quiero acabar devolviéndote el daño que me has causado, porque se que has sido inconsciente e inocente. Pero si me pillas en éste mismo estado de ánimo otra vez, no respondo de mis actos...
Avisado quedas, aunque no lo leas.
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