Ahora, siendo Otoño, lo que se acercaba era el Invierno y ella, arriesgándose a la desilusión estúpida que podía traer consigo el conocer a alguien idealizado, se acercó. Le habló, conoció poco a poco algo de él y la sorpresa no fue precisamente esa decepción que temía, sino todo lo contrario. Lo poco que él le había contado de sí mismo aquella noche sirvió a la chica para saber que, si estaba idealizado, era por una razón, y que no debía dejar que de la idealización llegase a la perfección, así que decidió que no volvería a intentar saber algo más de él.
Quizás cuando llegue el invierno frío decida volver a decirle hola y preguntarle un qué tal y algo más. Pero, hasta entonces, solo pensaba repetir una y otra vez lo que había hecho en aquel largo período de su vida.
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