jueves, 6 de marzo de 2014

Nostalgia.

No es ningún sentimiento triste, aunque sea un tipo de tristeza.
Simplemente, a veces, tengo ganas de llorar, al recordar momentos que en el pasado me hicieron feliz.
Solamente porque siento que quizá nunca fueron tan reales como pensaba, o porque no comprendo las razones que hicieron que hayan quedado tan lejos...
No me siento mentida. Me siento decepcionada.
La nostalgia es tan bonita y necesaria que no cambiaría esos segundos o minutos de tristeza emocional sumergida en un recuerdo por momentos de felicidad patrocinados por una vida sin recuerdos bonitos.
Que ciertas cosas hayan cambiado no significa que no sean mejores ahora. Tampoco lo contrario. Simplemente, son diferentes.
Y muchas veces pierdes personas o emociones y ganas recuerdos inolvidables.
A veces, realmente, no pierdes a las personas en sí, solo su posición en tu vida, su importancia quizá va variando a lo largo del tiempo.
Y quizá esa persona de la que he estado enamorada ahora es una persona a la que me une una amistad, demasiado especial para dejar que recuerdos o dudas del pasado cambien el tesoro que poseo en éstos momentos.
Y al contrario. Quizá haya perdido a quien ha sido mi mejor amigo durante años, aquel que conocí hace casi una década. Bueno, ¿y qué? Los recuerdos de la persona que era cuando aun era mi mejor amigo siempre van a estar ahí, y lejos de sentirme triste porque esa persona ya no exista, estoy feliz porque ha pasado por mi vida, y me ha dejado un montón de momentos felices, de conocimientos que antes ignoraba, y una lección importante sobre la amistad y la importancia de elegir bien a quién le brindas demasiadas oportunidades, viendo que las malgasta una y otra vez.
A su vez he descubierto que, cuando menos te lo esperas, puede aparecer cualquier persona que le aporte un poquito de luz a tu vida, y lo mejor en éstos casos es no asustarte ni acobardarte, porque si no das todo aquello que puedes dar, no recibirás todo aquello que puedes recibir. Y yo siempre he preferido arrepentirme de hacer algo que de no hacerlo. Demasiados "y qué hubiese pasado si" puede acabar con mi salud mental.
Y éstos últimos meses un gran gran amigo me enseñó que no debes perder nunca la esperanza, que la magia existe y que cuando menos te lo esperas puedes llevarte una gran sorpresa. También que esperar meses es nada si por quien esperas merece la pena. Y que cuando tienes los días contados, si te propones aprovecharlos al máximo, puedes. Y que no hace falta hacer gran cosa para ser feliz, lo importante es con quién compartes tus momentos.
La verdad es que, visto así, no me falta de mucho en la vida ahora mismo. Tengo suerte de rodearme de personas tan especiales y que me hacen tan feliz.

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