viernes, 1 de julio de 2011

Into the breeze.

Una cara sonriente adornaba una de sus uñas, a juego con su estado de ánimo. Caminaba sola bajo el sol, con el viento en contra agitando su pelo, mientras escuchaba una de sus canciones favoritas. Sí, una de las lentas.
Su corazón se aceleraba a la vez que sus pasos la acercaban mas y mas a su destino. ¿Cuál era su destino? Él. Y ya podía verlo a lo lejos, por eso sus pálidas mejillas se habían tornado rosas. Empezaba a sentirse torpe, pero antes de llegar a él, tomó aire un par de veces y se dijo a sí misma una frase que siempre conseguía relajarla.
Se acercó a él y lo abrazó con naturalidad, como siempre hacía. Y empezaron a caminar juntos, dirección a ninguna parte, mientras hablaban de temas estúpidos a la par que divertidos.
En la sombra encontraron un lugar perfecto para sentarse, acomodarse y, de pronto, ambos se hallaron mirándose fijamente. Ella no pudo contener la sonrisa que delataba sus pensamientos. Él apartó la mirada, quizás algo confuso.
Pasaban las horas en las que ella deseaba, segundo tras segundo, besar sus labios. Cada vez que él abría su boca para hablar, ella volvía a la realidad. Esa realidad que significaba no poder volver a besar los labios de aquel chico nunca mas, por mucho que lo desease. Porque él no lo querría así. O al menos eso creía ella. Realmente, nunca podría saberlo, ya que jamás le confesaría sus sentimientos.
Después de despedirse, de camino a casa, ella no podía dejar de imaginar sus manos despeinando el pelo del chico, a la vez que besaba sus labios. Imaginaba sus manos bajando lentamente desde su cabeza, pasando por su cuello*, su espalda... Y, al final de la imaginación, una lágrima amarga causada por la tristeza de poder imaginar y no poder nunca ser parte de ese sueño en la realidad.







*Y aquí iría un detalle que he preferido censurar para evitar malentendidos con mi realidad.

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