miércoles, 22 de diciembre de 2010

The rush.

Buscar, encontrar, guardar, disfrutar, descuidar, soltar, perder, echar de menos, arrepentirse y, quizás, olvidar. Volver a empezar.

¿Cuál es la finalidad de perseguirte si no puedo disfrutar de tu sonrisa por las noches? ¿Y qué si quiero que la luna ilumine tu cara mientras te sientas a mi lado a contemplar el mar? O la pared, no me importa lo que tenga frente a mi, me importa lo que tengo a mi lado. Y quiero encontrar la forma de que te quedes conmigo un ratito mas, de que me abraces otra vez, de que juegues con mi pelo y me beses en la mejilla, y en los labios, y que me cojas de la mano. No tengo prisa por que salga el sol, tengo prisa por que te acerques a mi y me susurres al oído que quieres estar conmigo, aunque solo sea un día, o una noche, o una hora, o dos minutos. Se que te voy a volver a besar tarde o temprano, o que me vas a besar tu a mi. También se que cuando lo haga no querré soltar tus labios, pero he aprendido cómo guardar esos momentos en la memoria, saborearlos, disfrutarlos lo suficiente. Se que se van a repetir, y se que, en cierto modo, tu también lo sabes, y lo deseas.

Y si no puedo encontrar mi lugar en ti, mi camino a tu alrededor, me volveré a paso lento hasta mi casa y tal vez así consiga airear de mi cualquier resto de tu esencia que se quede estancada en mi vida.

Sabes que lo voy a hacer. Sabes que quieres hacerlo. Sabes que no es difícil. Sabes que es complicado.

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