martes, 7 de diciembre de 2010

55005

A veces, no entiendo nada. Y entonces me doy cuenta de que siempre estoy buscando las razones de los demás para actuar de éste o de aquel modo, pero nunca me pregunto por qué me importan sus razones. Las verdaderas razones por las que me importan ni siquiera las sabría aunque me parase a pensarlas, porque me gusta huír de todo pensamiento realista que alberga en mi mente. Cuando veo que se acercan a la superficie, meto cualquier estupidez imaginaria y me sumerjo en el mundo que yo misma construí para esconderme de todos ellos. Dejo de pensar, es lo mas fácil. Canto una canción sencilla donde las palabras salgan solas y ni siquiera necesite pensarlas.
Y entonces todo se vuelve perfecto, hasta que cae la noche y me meto en la cama. Si, ese lugar donde tan a salvo siempre nos encontramos y, para mi, es el lugar mas deprimente que conozco. Siempre deseo que alguien venga a llenar un hueco a mi lado, a abrazarme mientras sueño, a decirme buenas noches. No siempre las mismas personas, pero quienes mas deseo que estuviesen aquí, probablemente son aquellas que nunca, ni en una mínima posibilidad, lo estarán.

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