martes, 23 de noviembre de 2010

Arrebatos.

Volvía en el autobús viendo la lluvia golpear los cristales. En su mano derecha, una carpeta llena de apuntes. La izquierda la utilizaba para sujetarse a la barra de metal que había a su lado. El autobús estaba lleno, de estudiantes que volvían a sus casas, de niños con sus madres, de gente mas peculiar aun. Ella solo miraba el agua caer del cielo.

Stop. El autobús siempre hacía esa pequeña parada en un semáforo desde el cual podías ver el mar. Las olas golpeaban las rocas, aunque a penas se distinguía ya que la noche estaba cayendo y empezaba a oscurecerse el cielo. Pero, aun así, ella conseguía distinguir los golpes de las olas lo suficientemente bien como para darse cuenta de que rompían al ritmo de la música que salía de sus auriculares. Ajena a todo, seguía observando el camino, un camino que se conocía como si ella misma lo hubiese descubierto.

Verde. Y el autobús arrancó. Ya a penas quedaba nada para llegar a su destino. Al llegar, se bajó, abrochó su cazadora hasta el botón mas alto y caminó destino a su portal, con las manos congeladas y temblando ligeramente. Demasiado contraste, el frío de la calle y el calor del autobús.

Sacó sus llaves cuando se acercaba al portal y al girar aquella esquina se encontró con alguien que no esperaba ver.

- ¡¡Hola!! ¿Que... que haces aquí? -preguntó ella, intentando no sonreír como una idiota, pero sin dejar de temblar en ningun momento.
- Quería verte. -respondió él.

Las mejillas de ella se tornaron rojas y de pronto el frío que sentía desapareció gracias al calor que la sangre proporcionaba a su cara. Sonrió inevitablemente.

- Bueno... -se la notaba nerviosa- Pues... ya me has visto... ¿no? -dijo mirando al suelo, tímida.
- No he venido solo a verte -respondió él. Ella levantó su mirada pero no se atrevió a mirar al chico.
- ¿E... Entonces?

El chico se acercó a ella y la besó. Cuando sus labios se separaron, ella lo besó a él, exactamente igual que él lo había hecho instantes antes. Despues, se abrazaron.



Un arrebato estúpido hizo que él fuese a verla a ella. Ese mismo arrebato hizo que la chica sonriese, que el chico fuese un poco mas feliz. ¿Quién se atreve a decir que no es bueno, a veces, actuar sin pensar?

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