martes, 9 de noviembre de 2010

Idealización.

Era casi Primavera, cuando encontró por fin a alguien a quien idealizar en su mente. Pero no era un famoso como solía ser, sino una persona a quien poder ver a menudo. Lo malo de hacer eso era precisamente verlo a menudo. Si idealizas a alguien no puedes arriesgarte a conocerlo y que se rompa aquella burbuja en la que tu misma lo has metido. Pero ella había sido cuidadosa y lo había conseguido, hasta que llegó a aquel punto.
Ahora, siendo Otoño, lo que se acercaba era el Invierno y ella, arriesgándose a la desilusión estúpida que podía traer consigo el conocer a alguien idealizado, se acercó. Le habló, conoció poco a poco algo de él y la sorpresa no fue precisamente esa decepción que temía, sino todo lo contrario. Lo poco que él le había contado de sí mismo aquella noche sirvió a la chica para saber que, si estaba idealizado, era por una razón, y que no debía dejar que de la idealización llegase a la perfección, así que decidió que no volvería a intentar saber algo más de él.

Quizás cuando llegue el invierno frío decida volver a decirle hola y preguntarle un qué tal y algo más. Pero, hasta entonces, solo pensaba repetir una y otra vez lo que había hecho en aquel largo período de su vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario