viernes, 17 de septiembre de 2010

Somewhere only we know (II)

Lillith empezó a sentirse mas unida a otras personas, pero seguía sintiendo que su mejor amiga era Kelen, de eso no tenía ninguna duda. Algunas personas habían advertido a Lillith de que Kelen ya no era la misma que solía ser, que no había nada que hacer para volver a tenerla consigo del mismo modo, pero Lillith no quería darse por vencida.

Pasó el tiempo, con altibajos, como suele ser siempre todo. La vida es un montón de altibajos: un día puedes estar perfectamente y cualquier tontería puede hacer que al siguiente lo único que quieras es desaparecer del mapa. Pues lo mismo ocurría con Lillith y Kelen. Solo había una cosa segura: Lillith quería a Kelen, y Kelen, a su extraña, curiosa manera, también la quería.

El verano estaba repleto de fiestas, que meses atrás Kelen se esforzaba en preparar. Ansiosa, contaba una y mil veces los planes que tenía junto a Lillith aquel verano, pero a medida que se acercaba éste, mas lejanos se veían los planes. Empezó el verano y, para empezar, el primer plan se cayó, sorprendiendo a Lillith, quien aún conservaba esperanzas de cambio por parte de su amiga. Aun así, ésto no hizo que Lillith se encontrase mas sola, sino todo lo contrario, aunque no era Lillith la que estaba a su lado, y eso le dolía.

El verano siguió su curso y cada fin de semana había una nueva fiesta que Kelen no se molestaba en compartir con Lillith, pues ahora prefería la compañía de otras personas. Lillith se sentía muy bipolar en cierto aspecto: Se lo pasaba genial con sus demás amigos, pero se sentía mal por no compartir aquellos momentos de felicidad extrema con su mejor amiga. No quería pensar, en ningún momento, que Kelen la estuviese fallando, dando de lado, despreciando, ni cosas peores... Aunque fuese así. No quería ni pensarlo, porque no quería creerlo.

En una de las fiestas consiguieron juntar de nuevo a Kelen con sus amigos, con todos, con Lillith y, aunque en principio parecía que las cosas estuviesen arreglándose poco a poco, no era así. Lillith, de todas formas, prefería mentirse, engañarse, y pensar que las cosas serían igual de geniales el fin de semana siguiente. Éstos pensamientos solo la llevaron a una desilusión al ver que eso ya no era factible, volviendo otra vez al punto de partida.

A penas compartieron momentos durante el verano, y se acercaba al fin la fiesta que Lillith consideraba mas especial para con Kelen. La noche estaba empezando extraña, Lillith aun albergaba fe en que aquella fuese la mejor del verano, pero estaba siendo bastante peculiar y, desde luego, no de la forma en que Lillith pensaba. Aunque eso no quiere decir que no estuviese disfrutando, que lo estaba.

La noche siguió su curso y, lo único que Lillith podía resaltar, fue un recuerdo precioso fabricado aquella noche gracias a su gran amiga Kelen. Pero sabía ya de sobra que las cosas volverían a cambiar, que la última fiesta que podían pasar juntas aquel verano, el finde siguiente, no la compartirían, así que decidió disfrutar aquellos últimos momentos con Kelen. Lillith estaba segura de que con el fin del verano, sería el fin absoluto de todos y cada uno de aquellos sentimientos mutuos, si es que quedaba alguno ya por parte de Kelen.

No volvieron a verse más en un tiempo, y a penas hablaban, a penas sabían la una de la otra, pero Lillith le había hecho una promesa a Kelen que no pensaba romper...

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