martes, 7 de septiembre de 2010

Somewhere only we know (I)

Las cosas habían cambiado entre Lillith y Kelen, desde hacía un tiempo a penas hablaban y Lillith sentía que ya no conocía en absoluto a Kelen, que ya no sabía nada de ella. Aun así, Lillith seguía considerando a Kelen su mejor amiga, pues nadie podía superar aquello que Kelen hacía con tanta facilidad: hacía sonreír a Lillith como nunca nadie lo había hecho antes, e incluso a veces conseguía sacarle alguna lágrima, pero no de las amargas...
El verano se había terminado y con él, la distancia que había separado a las dos chicas en aquellos últimos meses, había crecido mucho más. Lillith temía que Kelen fuese difuminándose hasta quedarse en un bello recuerdo, pero pretendía usar hasta la última de sus ideas para que aquello no fuese así. Pensó y pensó durante días, durante incluso semanas, y la solución mas factible era una que solo le traería resultados temporales. Aun así, merecería la pena, o eso pensó ella.

Rebobinemos unos -bastantes- meses atrás:
Kelen esperaba la visita de Lillith, sin tener ni idea de aquella bomba que la chica le soltaría aquella noche, sin tener ni idea de lo importante que se volverían para Lillith cada una de las palabras que le dijese aquella noche.
Y si adelantamos un poco más, vemos como Kelen y Lillith se unen cada día mas, hasta el punto de abrirse la una a la otra con más facilidad de lo habitual.
Kelen siempre había querido lo mejor para Lillith, siempre la había aconsejado racionalmente, pues lo que mas necesitaba Lillith era ese punto racional que le faltaba. Lillith veía a Kelen casi como su hermana mayor, algo más que eso incluso, aun teniendo en cuenta que Kelen era menor que Lillith, al menos en edad. Lillith admiraba a Kelen, su madurez, su estabilidad emocional, su racionalidad, su capacidad de escuchar y aconsejar, su lucidez... todo aquello que a Lillith le faltaba.
Lillith, a veces, tenía miedo de decepcionar a Kelen con sus inmadureces y decisiones tomadas tan a la ligera. Lillith se dejaba llevar demasiado por sus sentimientos, y eso era bastante malo, puesto que era demasiado soñadora y, al final, le traía grandes desilusiones.

Volvamos hacia adelante, aunque menos que a principio:
Kelen era una persona que, con un simple apretón de manos, podía hacer sentir algo a Lillith, y esto era lo que hacía a Lillith sentir bien, pues gracias a Kelen sabía que aun era capaz de sentir cosas positivas sin esfuerzo alguno. Pero cuando Kelen empezó a distanciarse, y por mucho que Lillith quisiese e intentase no perder nunca aquella magia que Kelen le proporcionaba, no pudo conseguirlo, y poco a poco fue sintiendo cómo se apagaba. A su vez, Lilllith podía sentir como un trozo de su corazón se iba agrietando, señal de una próxima fisura.
Un día cualquiera, Lillith y Kelen se encontraban en la parte trasera de un coche, dirección a cualquier lugar. Lillith ya sabía que Kelen no podría volver a hacerle sentir aquella magia solo con un apretón de manos, lo tenía asumido, aunque no le gustase y siempre se esforzase por volver a sentirla de un modo u otro. Kelen miraba por su ventana, a la izquierda, y Lillith a su derecha, cuando de pronto, ésta última, notó un roce en su mano. Se giró rápidamente y miró a Kelen, la cual, sin devolverle la mirada, apretó su mano. Lillith se sorprendió a sí misma sonriendo, estaba deseando sentir algo así, aunque ya había perdido toda esperanza semanas atrás.

Al final, es imposible que alguien tan especial como ella pierda esa magia. -pensó.

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