miércoles, 9 de junio de 2010

Sick little games.

Recuerdo cuando, hace uno o dos años, mi tios solía decirme que me brillaban los ojos, y que eso significaba que estaba feliz. La primera vez, le contesté, en tono de broma, preguntando si eso no era porque estaba enamorada. Él me lo negó, me dijo que se trataba de la felicidad, que mis ojos la reflejaban. Y me repitió durante mucho tiempo aquello sobre el brillo de mis ojos, hasta que dejó de hacerlo. Me di cuenta por qué había sido, y es que ya no era tan feliz. Ya ni mi sonrisa aparecía tan a menudo.
Pero aquello pasó y mi sonrisa volvió. No vi a mi tio por aquel tiempo, nunca me había fijado en mis ojos, en su brillo. Quizá no brillaban, quizá si. Es algo que ya nunca sabré. No sabré si hacías brillar mis ojos...
Pero ahora que ésto último también ha pasado, me he fijado. Hoy me miré a mi misma al espejo y noté ese brillo en los ojos. No sabía por qué era. No me había parado a pensar en que quizá, después de éste último fin de semana, era feliz, al fin. No se cuanto tiempo durará, pero tendré que aprovecharlo mientras dure.

Y entonces llegó ésta noche... y con ella llegó una respuesta que necesitaba urgentemente para saber si de verdad era tan importante o no. Y lo fue. Fue importante por el hecho de lo que me hizo sentir. Sonreí, si, pero mi corazón no dio ni la mínima señal al respecto. Gracias, supongo. Ahora, al menos mientras dure, puedo decir que mi corazón, realmente, no pertenece a nadie, excepto a mí. (Bueno, y quizá un poquito a mis amigos, claro (L))



Sobre mis miedos actuales hablaré en otra ocasión. Quizá ésta misma noche, quizá mañana... o no.

Por ahora, lo dejo aquí. (:

1 comentario:

  1. Ahora, al menos mientras dure, puedo decir que mi corazón, realmente, no pertenece a nadie, excepto a mí.

    La mejor frase ;)

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