martes, 9 de febrero de 2010

You can never know


Girar mi cabeza. Clavar mi mirada. Decir una palabra, una frase. Eso no puede cambiar nada. ¿O si? En mi mente pasan rápido algunos pensamientos y no se muy bien qué significan, por qué están ahí, como han llegado...
Y pensándolo bien, puede ser que, al final, estemos todos conectados de algun modo, es posible que una persona que viste hace tiempo, en la que te fijaste, que miraste y observaste, pero ni siquiera hablaste, aparezca de pronto y cambie todo. Y sabrás que la has visto antes, aunque no recuerdes cómo ni por qué. O si.
En realidad lo que importa no es por qué ocurren las cosas, lo que importa es como ocurren. No importan esas dos palabras si no sabes cómo expresarlas. Nada importa, y a la vez importa todo.
Es difícil saber qué es real, qué no lo es. Es imposible saber que piensa la persona que tienes delante realmente, pero solo tienes dos opciones: creer o no creer. Confiar o no confiar. He decidido creer.
Y no importa si estás en un lugar maravilloso con alguien si no sabes apreciarlo. No importa lo que estás haciendo si sabes que no vas a recordarlo. Al final de nuestros días solo quedarán los recuerdos, y por eso mismo debemos cuidarlos, como un tesoro.
El tiempo pasa rápido, veloz, y mas aun cuando quieres que se pare, que se congele, que no exista el tiempo, quedarte ahí para siempre. Entonces te das cuenta de que el tiempo es traicionero...
Y no siempre está mal mirar atrás. No siempre está mal arriesgar. No siempre está mal actuar, sin pensar.
¿Puedes no arrepentirte de tus errores incluso sabiendo que son errores? Puedes. Puedo. Y lo siento.
Y vuelves a girar tu cabeza, y miras a aquella persona que te está mirando, a aquella que te habla, que te observa. Quizá mirando sus ojos, en silencio, puedas descubrir lo que piensa.
Y lo cierto es que debemos de cuidar cada segundo que vivimos, recordarlo, guardarlo. Nunca sabes cuando va a volverse especial. No sabes si éste segundo, y el segundo que viene después, serán los mejores del día. O quizá los mejores de la semana, o del mes. O los mejores de tu vida.
Y quizás después te arrepientas de no haberlo exprimido totalmente, de no haberlo hecho perfecto, de no haber hecho que cada segundo, cada mirada, cada palabra, cada paso que dabas, cada cosa que pensabas, fuese perfecto, inolvidable.


Todo ocurre por una razón, aunque nunca vayamos a saber cuál.

No hay comentarios:

Publicar un comentario